(«...como Ibid dice en su famosa Vidas de poetas.»
De un estudio erudito)
La errónea idea de que Ibid es el autor de las Vidas es algo tan extendido, incluso entre gentes que pretenden disfrutar de cierto grado de cultura, que se hace preciso corregirla. Hay que hacer saber a todo el mundo que es Cf. el responsable de ese trabajo. La obra maestra de Ibid, por otra parte, es el famoso Op. Cit., donde todas las claves culturales grecorromanas se encuentran plasmadas con enorme perfección... y una agudeza suprema, habida cuenta la fecha, sorprendentemente tardía, en la que Ibid la escribió. Existe la falsa idea -habitualemente reproducida en libros modernos, previos a la monumental obra de Von Schweinkopf, Gestichte der Ostrogothen in Italien - de que Ibid era un visigodo romanizado, perteneciente a la horda de Ataúlfo que se asentó en Plasencia sobre el 410 d. de C. Nunca se insistirá lo suficiente en lo contrario, ya Von Schweinkopf , y despues de él Littlewit y Vêtenoir, han demostrado con pruebas irrefutables que esta figura, llamativamente solitaria, era un romano de pura cepa -o al menos, de tan pura cepa como esa era degenerada y bastarda podía producir-, y de él podría decirse lo que afirma Gibbon de Boecio: «Que era el último de aquellos a los que Tulio o Catón podrían haber reconocido como compatriotas». Era, como Boecio y casi todos los hombres eminentes de esa era, de la gran familia Anicia, y trazaba su genealogía con gran exactitud y orgullo, hasta todos los héroes de la república. Su nombre completo -largo y pomposo, según la costumbre de una era que había perdido la trinómica simplicidad de la noménclatura romana clásica- era, según Von Schweinkopf, Cayo Anicio Magno Furio Camilo Emiliano Cornelio Valerio Pompeyo Julio Ibid, aunque Littlewit rechaza Emiliano y añade Claudio Decio Juniano, mientras que Bêtenoir discrepa radicalmente, dando el nombre completo de Magno Furio Camilo Aurelio Antonino Flavio Anicio Petronio Valentiniano Egido Ibid....