Ben Hayden fue siempre un tipo testarudo, y, una vez que oyó hablar de aquellas extrañas estatuas en los altos Adirondacks, nada pudo impedirla acudir para verlas. Yo fui su amigo más íntimo durante años, y esa amistad tipo Damon y Pytias nos había convertido en inseparables. Así que, cuando Ben se empecinó en ir, bueno, no tuve más remedio que seguirlo como un perro fiel....